Inicio Artículos La revolución de Hubble
12
Jan
2010
La revolución de Hubble PDF Imprimir Correo electrónico
Durante los primeros 20 años del siglo XX la principal cuestión que quitaba el sueño a los astrónomos era si las "nebulosas espirales" —ahora llamadas galaxias— eran o no sistemas independientes y lejanos a nuestra Vía Láctea. El problema era de tal importancia que la respuesta nos diría o que nuestra galaxia era única y enorme, o que simplemente era una más y el Universo visible era muchísimo más grande de lo que nadie hubiera imaginado.

Se organizaron conferencias, se programaron debates entre los astrónomos de la época para exponer sus teorías, los grandes observatorios de esos años ofrecían tiempo para investigar al respecto. Todo apuntaba a que pronto tendríamos la tan anhelada respuesta. Pocos sabían que para el verano de 1924 las fotografías que nos darían un lugar en el Universo ya estaban tomadas.

Edwin Powell Hubble fue un astrónomo, atleta, abogado, alpinista, boxeador y buen hablante del Español, originario del sureño estado norteamericano de Missouri. Durante la preparatoria prácticamente logró todo, buenas calificaciones, récords en atletismo, hasta premios de canto. Después de estudiar algunos años en Oxford y servir para el ejercito de E.U. durante la primera guerra mundial obtuvo su doctorado en astronomía en 1919. Ese mismo año comenzó a trabajar para George Hale, el director del Observatorio de Monte Wilson, lugar donde se encontraba el mejor y más grande telescopio en el mundo en esos años.

Hubble, utilizando el telescopio Hooker de 2.5 metros, descubrió que en la "nebulosa de Andrómeda" o M31 había un tipo de estrellas variables llamadas Cefeidas. Con ellas fue capaz de medir la distancia y descubrir que estaban a varias veces el diámetro de la Vía Láctea. Con la distancia y el tamaño angular pudo encontrar su tamaño real. Sus observaciones nos dieron la respuesta: los objetos como M31 eran galaxias con diámetros de decenas de miles de años luz a cientos de miles de años luz de distancia, formadas por miles de millones de estrellas, gas y polvo; igual que la nuestra.

Después de esto, Hubble dedicó parte de su vida a estudiar las Galaxias y a tratar de encontrar correlaciones entre ellas. Observó que la gran mayoría eran como espirales, otras más parecían un ovoide, algunas casi esféricas; varias de las espirales tenían una barra en su núcleo y otras más prácticamente no se les podía asignar una forma determinada.

Teniendo una gran cantidad de fotografías, Hubble publicó un artículo en 1926 en The Astrophisical Journal donde proponía agrupar a las galaxias por su morfología, es decir, por su forma. El esquema de clasificación fue conocido como la Secuencia de Hubble. En ella, las galaxias fueron dividas en tres grandes grupos: Elípticas (E), Espirales (S) e Irregulares (Irr). Las espirales además fueron subdivididas en Normales (S) y Barradas (SB). Las que tenían una forma intermedia entre espirales y elípticas fueron llamadas Lenticulares (S0 y SB0).

Con los años, la clasificación de Hubble se hizo más complicada. Subdivisiones en cada tipo ayudaron a identificar mejor las propiedades de las galaxias, a proponer secuencias evolutivas que explicaran sus formas, el tipo de estrellas que contienen, sus tamaños, etc.

Hoy sabemos, por ejemplo, que las galaxias espirales e irregulares están llenas de estrellas jóvenes. Los brazos de las galaxias espirales son verdaderos cuneros estelares donde constantemente se forman millones de estrellas y las galaxias irregulares prácticamente no tienen estrellas viejas; la cantidad de estrellas jóvenes es impresionante. Por el contrario, las elípticas, están llenas de estrellas viejas; prácticamente no hay gas para formar estrellas nuevas.

Por si esto fuera poco, hoy sabemos que muy probablemente las galaxias evolucionan tragándose unas a otras, las espirales se fusionan entre ellas y el resultado final son galaxias elípticas enormes; posiblemente el último eslabón de la cadena evolutiva galáctica.

Las aportación de Hubble en el campo de la extragaláctica cambiaron completamente la visión que el ser humano tenía de sí mismo con respecto a su posición y ubicación en el Universo conocido.

Es increíble pensar que apenas hace cien años no sabíamos de la existencia de millones y millones de galaxias, del tamaño real de nuestro Universo visible y de nuestro lugar en él. Pero tal vez aun más increíble —sobre todo para los que lo conocieron— fue que aquel joven talentoso (admirado por muchas y envidiado por muchos) iniciara una revolución equivalente, en muchos sentidos, a la de Copérnico cuatro siglos antes. La revolución de Hubble, literalmente, nos dio un lugar en el Universo.

 

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